Sucedió en un noviembre, en la primavera plena de aroma a jazmines y largos atardeceres. Llegó y se detuvo. Ya casi nada era como entonces. El verde y los árboles estaban allí. La casa no. Un falso ladrillo en lugar de la piedra verdadera. Pero eso era algo que a él no le importaba. Su mente y corazón viajaron al pasado. Al pasado de la primera mirada, al de las risas, los besos y al amor de los mil días. De pronto, se vio reflejado en los brillosos ojos de una anciana. Ella, que ya parecía haberlo visto todo, lo miraba con infinita ternura. Y entonces él, contemplando la casa, dijo las palabras que nunca se había atrevido a expresar: - En este lugar, fui extremadamente feliz.
Algunos escritos sueltos